
Cita a primera hora de la mañana en el café más concurrido de la exclusiva urbanización madrileña de la Moraleja, donde desayuna muchos días y donde nadie se sorprende de estar mesa con mesa con una celebridad del pop con dos millones de seguidores en Instagram y millones de reproducciones en Spotify y YouTube. La acompañan tres colaboradoras que se retiran discretamente durante la entrevista, pero que la escoltan y que marcan al fotógrafo durante la sesión de fotos, que parece preocuparles más que la charla. Menuda de estatura, con una espléndida melena rubia y la piel resplandeciente de sus 28 años y sus cuidados estéticos, Ana Mena ni apabulla ni se hace pequeñita ante nadie y, sospecho, ante nada. Mira a los ojos, llama a la periodista, que podría ser su madre, por su nombre de pila y parece genuinamente interesada en la conversación. Ni rastro de las ínfulas y los dengues de otras estrellas de la música y la pantalla. Tablas le sobran.

LA MENA Y LA GANGA
A Ana Mena (Estepona, Málaga, 28 años) le encantaban desde pequeña las coplas -Antonio Molina, Rocío Jurado, Marifé de Triana- flamencas que se escuchaban en su casa, pero no solo. También los temazos de los y las cantantes italianos -Mina, Sandro Giacobbi, Zuchero- que les gustaban a sus padres. Ella misma cuenta que se recuerda de niña emocionada hasta las lágrimas o loca de contenta escuchándolos y queriendo ser como ellos, cantantes que, además de cantar, interpretaban sus canciones. Y a ello se puso. A los 8 años, su insistencia convenció a su madre para presentarse al concurso de talentos infantiles, Veo, veo, que ganó, y, desde entonces, no ha parado de perseguir su empeño. Alguno de sus grandes éxitos, como Madrid city o Música ligera son algunas de las canciones españolas más escuchadas en plataformas. Ahora, coprotagoniza la película Ídolos, junto a Óscar Casas, dirigidos por Mat Whitecross.
